El crecimiento acelerado que vivió el sector financiero digital en los últimos años dio paso a una nueva etapa en la que la sostenibilidad del negocio, la transparencia y la confianza del cliente serán determinantes para mantenerse en el mercado.
Las empresas fintech en Colombia y América Latina atraviesan una transformación que marca el fin de una etapa centrada en el crecimiento acelerado y el inicio de un modelo donde la rentabilidad se convierte en la prioridad. Después de varios años impulsando la inclusión financiera y compitiendo por atraer usuarios, el sector comienza a enfocarse en consolidar negocios sostenibles y fortalecer la confianza de los consumidores.
El cambio responde, en parte, al nuevo panorama de inversión. Con un acceso más limitado al capital de riesgo, los inversionistas han dejado de privilegiar las compañías que solo muestran crecimiento y ahora concentran su interés en aquellas capaces de generar resultados financieros sólidos y modelos de negocio estables.
Este nuevo escenario llega después de un periodo en el que la transformación digital permitió ampliar significativamente el acceso a servicios financieros en la región. Entre 2017 y 2021, la bancarización en América Latina pasó del 54 % al 73 %, impulsada en buena medida por la expansión de las plataformas digitales y las soluciones financieras innovadoras.
Sin embargo, el mercado ya no gira alrededor de la competencia entre bancos tradicionales y nuevas aplicaciones financieras. La tendencia apunta a que los usuarios buscan herramientas capaces de acompañarlos en la toma de decisiones económicas y ofrecer soluciones personalizadas para administrar mejor su dinero.
Estudios del sector indican que más del 60 % de los latinoamericanos está dispuesto a utilizar asistentes basados en inteligencia artificial para recibir orientación financiera. Aun así, la confianza en la tecnología tiene límites: el 85 % de los usuarios considera indispensable contar con atención humana cuando enfrenta problemas relacionados con la seguridad o el manejo de sus recursos.
Para Roger Darashah, socio y cofundador de LatAm Intersect, el futuro del sector dependerá menos del desarrollo tecnológico y más de la credibilidad que logren construir las empresas.
“En 2026, el éxito financiero no dependerá de quién tenga la mejor aplicación, sino de quién genere mayor confianza y autoridad. La transparencia y la utilidad real serán los principales factores para mantener la preferencia de los usuarios”, aseguró.
Open Finance deja de ser una ventaja competitiva
Otro de los cambios que comienza a marcar el rumbo del mercado es la consolidación del Open Finance como una práctica habitual dentro del ecosistema financiero. Compartir información entre diferentes entidades ya no representa un elemento diferenciador, sino una condición básica para ofrecer productos más personalizados.
En Colombia, esta evolución ha generado nuevas expectativas entre los consumidores. Según datos del sector, el 73 % de los usuarios espera que las aplicaciones financieras no solo permitan realizar transacciones, sino que también ofrezcan recomendaciones para invertir, ahorrar o mejorar la administración de sus finanzas personales.
A pesar de ese interés, buena parte de las plataformas aún no incorpora herramientas de asesoría financiera suficientemente desarrolladas para responder a esas necesidades.
Darashah considera que el crecimiento de la industria dependerá de la capacidad de las compañías para construir relaciones duraderas con sus clientes.
“Las fintech que liderarán el mercado serán aquellas que prioricen la utilidad diaria, la seguridad y la transparencia, por encima de indicadores como el número de descargas o la visibilidad en redes profesionales”, afirmó.
La confianza será el principal activo
Especialistas del sector coinciden en que la próxima etapa para las fintech estará marcada por un intercambio de valor más equilibrado entre empresas y usuarios. Si las personas comparten su información financiera, esperan recibir beneficios concretos, como recomendaciones para optimizar sus impuestos, automatizar inversiones o mejorar sus hábitos de ahorro.
Al mismo tiempo, la creciente sofisticación de los ciberataques en América Latina obliga a las compañías a reforzar sus estrategias de protección digital y a ofrecer procesos más transparentes sobre el uso de los datos personales.
En ese contexto, el desafío para las fintech colombianas ya no será únicamente innovar con nuevas herramientas tecnológicas. La verdadera diferencia estará en combinar inteligencia artificial, atención humana y altos estándares de seguridad para construir relaciones de confianza con los usuarios y garantizar la sostenibilidad del negocio en los próximos años.







