PUBLICIDAD

Trump llega a China para una cumbre clave con Xi Jinping marcada por comercio, Taiwán e Irán

US President Donald Trump (C), US Ambassador To china David Perdue (center-R) escorted by China's Vice President Han Zheng (R) are greeted by Chinese youth upon arriving at Beijing Capital Airport in Beijing on May 13, 2026. (Photo by Brendan SMIALOWSKI / AFP) / BRENDAN SMIALOWSKI

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llegó este miércoles 13 de mayo a China para reunirse con su homólogo Xi Jinping en una cumbre de alto nivel que busca redefinir el rumbo de las relaciones entre Washington y Pekín en medio de tensiones comerciales, disputas tecnológicas, diferencias sobre Taiwán y preocupación internacional por la guerra en Irán.

La visita de Estado se desarrollará entre el 13 y el 15 de mayo, luego de la invitación formal del gobierno chino y de la confirmación oficial entregada por la Cancillería de ese país. Se trata del primer viaje de un presidente estadounidense a China en nueve años, desde la visita que el propio Trump realizó en noviembre de 2017 durante su primer mandato.

Trump arribó a Pekín acompañado de una delegación política y empresarial de alto nivel. Entre los nombres que viajaron en el avión presidencial se encuentran Elon Musk y Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia, lo que confirma el peso económico y tecnológico de la agenda bilateral.

La cumbre tiene como eje central la estabilización de las relaciones entre las dos mayores economías del mundo. Sobre la mesa estarán temas como la tregua comercial, los aranceles, el acceso de empresas estadounidenses al mercado chino, las restricciones tecnológicas, la inteligencia artificial, la venta de semiconductores y las diferencias por el trato a compañías de ambos países.

Uno de los asuntos más delicados será Taiwán. China considera la isla como parte de su territorio y ha rechazado de manera reiterada la venta de armas estadounidenses a Taipéi. La tensión aumentó por un reciente paquete de armamento aprobado por Washington, punto que se espera sea abordado directamente por Xi Jinping durante las conversaciones con Trump.

La guerra en Irán también aparece como un tema inevitable. Aunque Trump ha dicho que no necesita el apoyo de China para manejar la situación, medios internacionales señalan que Washington busca que Pekín ejerza presión sobre Teherán, especialmente por el impacto del conflicto en el estrecho de Ormuz, una ruta estratégica para el comercio mundial de petróleo y gas.

Antes del encuentro, Trump anticipó que mantendría una conversación extensa con Xi sobre la crisis en Medio Oriente, mientras insistió en que su gobierno tiene controlada la situación. Sin embargo, el conflicto ha golpeado los precios energéticos y ha aumentado la presión internacional para encontrar una salida diplomática.

La agenda también podría incluir una propuesta de Trump para avanzar hacia un eventual pacto nuclear trilateral entre Estados Unidos, China y Rusia, aunque analistas advierten que Pekín ha sido tradicionalmente reticente a este tipo de acuerdos por la diferencia entre su arsenal nuclear y el de las otras dos potencias.

El encuentro tendrá además un fuerte componente simbólico. La visita contempla actos protocolarios, reuniones bilaterales, actividades culturales y un banquete de Estado, en medio de un ambiente diplomático cuidadosamente preparado por ambos gobiernos.

Para Trump, la cumbre representa una oportunidad de mostrar liderazgo internacional y buscar acuerdos económicos que fortalezcan su posición interna. Para Xi Jinping, el encuentro permite proyectar a China como actor central en la estabilidad global, especialmente en un momento en que Estados Unidos enfrenta críticas por su política exterior y por el impacto económico de la guerra en Irán.

El resultado de la reunión será observado de cerca por los mercados, los gobiernos aliados y los sectores tecnológicos. Cualquier avance en comercio, aranceles, inteligencia artificial, semiconductores o seguridad internacional podría marcar una nueva etapa en la relación entre Washington y Pekín, mientras el mundo sigue atento a una cumbre que puede influir en el equilibrio económico y geopolítico global.