En Colombia, cerca de la mitad de los adultos mayores vive con al menos una enfermedad crónica no transmisible. Para muchos de ellos, estas condiciones no llegan solas, la coexistencia de múltiples padecimientos se convierte en una realidad cotidiana que transforma hábitos, rutinas y formas de relacionarse con el entorno.
Detrás de estas cifras de salud pública existen historias que rara vez se cuentan desde la intimidad del hogar. La enfermedad no solo impacta a quien recibe el diagnóstico; también modifica profundamente la vida de quienes acompañan, cuidan y comparten el día a día con esa persona.
Joaquín Sarmiento Carrillo es el rostro de esta estadística: un paciente que convive con diabetes tipo 2 insulinodependiente, enfermedad coronaria, hipertensión e insuficiencia renal crónica no dializada. Hace nueve años, una complicación derivada de la diabetes le arrebató la visión. Aunque ese momento supuso un punto de quiebre en su vida, para su familia se convirtió en un motivo para acercarse y alivianar juntos los retos de esta nueva realidad.

Ruby Sarmiento, su hija mayor, protagoniza el gran acto de amor en esta historia. Todos los días, sin importar el panorama, está presente desde primera hora y regresa por la noche para asistirlo en sus necesidades. Su esposa Raquel, de 83 años, con quien está casado desde hace 63 años, comparte cada momento de su vida. Ella está presente durante sus horas de comida, entretenimiento y conversación, siendo estas, las actividades que hacen parte de su cotidianidad y disminuyendo la soledad que podría experimentar durante esta etapa.
Esta serie fotográfica explora cómo un núcleo familiar se adapta a los inmensos desafíos que implica la cronicidad en la vejez. Más allá de los historiales médicos, las imágenes retratan los vínculos y los actos de amor que surgen en torno a una situación cada vez más frecuente en la sociedad colombiana.









