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El terremoto dejó heridas que no se ven y la salud mental de los damnificados ya es una prioridad

El terremoto que golpeó a Colombia el pasado 10 de agosto no solo dejó viviendas destruidas, familias damnificadas y comunidades enteras tratando de recuperar lo perdido. En los lugares más afectados también quedó una preocupación que muchas veces pasa desapercibida después de una emergencia: el impacto emocional.

Una psicóloga voluntaria que llegó a las zonas afectadas explicó que muchas personas están enfrentando miedo, ansiedad, angustia y una sensación permanente de inseguridad después de haber vivido el sismo y sus consecuencias. La misión humanitaria, por eso, no termina cuando se retiran los escombros. También implica acompañar a quienes quedaron emocionalmente afectados.

El terremoto, de magnitud 7,4 y con epicentro en San José del Palmar, Chocó, provocó una emergencia que afectó especialmente al occidente del país. Las pérdidas materiales fueron enormes, pero para muchas familias el golpe más fuerte ha sido tener que dormir fuera de sus viviendas, convivir con la incertidumbre y enfrentar la pérdida de familiares, vecinos o bienes que representaban años de esfuerzo.

La psicóloga voluntaria contó que, al acercarse a los damnificados, encontró personas que necesitaban algo tan básico como ser escuchadas. En medio de la emergencia aparecen preguntas sobre el futuro, preocupación por los familiares y temor de que vuelva a ocurrir otro movimiento fuerte.

Ese miedo puede permanecer incluso cuando la emergencia física empieza a disminuir.

El trauma también hace parte de la emergencia

Los especialistas han advertido que después de un desastre natural es normal que aparezcan reacciones como insomnio, ansiedad, tristeza, irritabilidad, dificultad para concentrarse o miedo a permanecer dentro de una vivienda.

La situación puede ser todavía más complicada para quienes perdieron su casa, sus pertenencias o a un ser querido. Para estas personas, regresar a la normalidad no depende únicamente de reconstruir una vivienda.

En las zonas afectadas, los equipos de apoyo psicológico han encontrado que el acompañamiento debe mantenerse durante las diferentes etapas de la emergencia. Primero está el impacto inmediato, pero después llegan el duelo, la incertidumbre económica y la adaptación a una nueva realidad.

La Universidad Javeriana también ha señalado la importancia de atender la salud mental después de un terremoto y recomienda reconocer las emociones, mantener los vínculos sociales y buscar apoyo cuando las reacciones emocionales se vuelven difíciles de manejar.

Voluntarios llevan atención a las comunidades

La respuesta a esta necesidad también ha movilizado a profesionales de la psicología de diferentes regiones del país.

La Fundación Universitaria Konrad Lorenz, por ejemplo, activó una estrategia de atención psicológica gratuita para personas afectadas por el terremoto. La institución informó que más de 500 practicantes de Psicología Clínica y más de 400 psicólogos graduados se sumaron a la iniciativa para prestar acompañamiento presencial y remoto.

La atención busca llegar a personas que presentan miedo, ansiedad, angustia o estrés como consecuencia de lo ocurrido.

Este tipo de apoyo resulta especialmente importante en comunidades donde las necesidades básicas siguen siendo la prioridad. Cuando una familia todavía está buscando dónde dormir, conseguir alimentos o recuperar sus documentos, hablar de salud mental puede parecer secundario. Sin embargo, los especialistas consideran que ambas necesidades deben atenderse al mismo tiempo.

La reconstrucción será también emocional

La emergencia provocada por el terremoto todavía tiene una larga etapa por delante. Mientras el Gobierno y las autoridades trabajan en la reconstrucción de viviendas e infraestructura, las comunidades tendrán que afrontar el proceso de volver a empezar.

Para quienes perdieron su vivienda, recuperar un techo será fundamental. Pero para quienes perdieron familiares, enfrentaron horas de incertidumbre o todavía sienten miedo cada vez que una estructura se mueve, también será necesario un proceso de recuperación emocional.

La experiencia de los voluntarios muestra que en medio de la tragedia hay una necesidad que no siempre aparece en las cifras oficiales: escuchar a las personas y permitirles procesar lo que vivieron.

El terremoto dejó una Colombia golpeada físicamente, pero también una población que necesita tiempo y acompañamiento para recuperar la tranquilidad.

La emergencia continúa, y con ella el trabajo de médicos, rescatistas, trabajadores sociales y psicólogos que buscan atender no solo las heridas visibles, sino también aquellas que quedaron por dentro.

Lavibrante.com seguirá informando sobre la situación de los damnificados y sobre las acciones que se desarrollen para atender la salud física y emocional de las comunidades afectadas por el terremoto.