El calendario electoral de 2026 ya está en marcha y con él se abre uno de los capítulos políticos más decisivos para Colombia en los últimos años. Las elecciones legislativas, programadas para el 8 de marzo, y las presidenciales, que se celebrarán el 31 de mayo, definirán el rumbo institucional del país para el período 2026-2030, en medio de un ambiente marcado por la polarización política y los desafíos en materia de seguridad y participación ciudadana.
La primera gran cita con las urnas será en marzo, cuando los colombianos elegirán a los nuevos integrantes del Congreso de la República, conformado por senadores y representantes a la Cámara. Ese mismo día también se realizarán consultas internas de partidos y coaliciones, en las que varios sectores políticos definirán a sus candidatos presidenciales, lo que convierte la jornada en un momento clave para el panorama electoral.
Posteriormente, el 31 de mayo, el país acudirá nuevamente a las urnas para escoger al Presidente y Vicepresidente de la República. En caso de que ningún candidato obtenga la mayoría absoluta de los votos, la legislación contempla una segunda vuelta el 21 de junio de 2026, lo que prolongaría el pulso electoral durante varias semanas.
El proceso se desarrolla en un escenario complejo, caracterizado por una fuerte confrontación de ideas, múltiples aspirantes a la Casa de Nariño y la necesidad de garantizar condiciones de seguridad en todo el territorio nacional. Las autoridades electorales y de orden público han anunciado planes especiales para proteger tanto a los votantes como a los candidatos, especialmente en regiones con antecedentes de violencia o presencia de grupos armados ilegales.
Otro factor clave será la participación de los colombianos en el exterior, quienes podrán votar en fechas especiales tanto para las elecciones legislativas como para las presidenciales, reforzando el carácter incluyente del proceso democrático.
Con estas elecciones, Colombia no solo renovará su poder legislativo y ejecutivo, sino que también pondrá a prueba la fortaleza de sus instituciones democráticas. El calendario electoral de 2026 se perfila, así, como un termómetro político que medirá el rumbo que el país desea tomar en los próximos años.

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