Al cumplirse el primer año del segundo mandato de Donald Trump al frente de Estados Unidos, el balance deja un panorama de fuertes decisiones internas, una política exterior confrontacional y una estrategia internacional guiada por intereses económicos y de seguridad. Desde su regreso a la Casa Blanca el 20 de enero de 2025, el mandatario ha ratificado que su nuevo gobierno no sería una continuación moderada de su primera administración, sino una versión más directa y contundente de su visión de poder.
Trump asumió como el presidente número 47 con el regreso del lema “America First” y con promesas claras de endurecer la política migratoria, fortalecer la economía interna y reposicionar a Estados Unidos como actor dominante en los principales escenarios globales. En su discurso de posesión aseguró que el país entraba en una nueva etapa de grandeza, anunciando que buscaría cerrar conflictos armados y redefinir las relaciones internacionales bajo sus propios términos.
Entre sus primeras decisiones estuvo la firma de indultos a centenares de personas procesadas por el asalto al Capitolio ocurrido años atrás, un gesto que reavivó la polarización política interna. A esto se sumó la declaración de emergencia nacional en la frontera con México, con la que reforzó controles migratorios y retomó un discurso de seguridad nacional centrado en el combate al crimen transnacional y a organizaciones como el Tren de Aragua.
En materia económica, el presidente impulsó una ambiciosa reforma fiscal con énfasis proteccionista, acompañada de nuevos aranceles para países considerados estratégicos. Una de las medidas más polémicas fue la imposición de un arancel del 25 % a naciones que importaran petróleo venezolano o que no alcanzaran acuerdos comerciales favorables con Washington, decisión que tuvo impacto inmediato en los mercados energéticos y en la diplomacia regional.
La política exterior del segundo mandato también ha estado marcada por intentos de mediación en conflictos internacionales. Trump presentó un plan de paz para el enfrentamiento entre Israel y Hamás, que incluía un alto al fuego, liberación de rehenes, ayuda humanitaria y un esquema de transición administrativa, iniciativa que el mandatario defendió como la base para una estabilidad duradera en Medio Oriente.
Uno de los hechos de mayor repercusión en América Latina fue la operación militar ejecutada en Venezuela, que terminó con la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores, tras una serie de acciones contra el narcotráfico en el Caribe y el Pacífico. Aunque el operativo fue calificado como exitoso en términos militares, analistas señalaron que el chavismo mantiene estructuras de poder activas en Caracas.

En el conflicto entre Rusia y Ucrania, Trump ha intentado posicionarse como mediador, pero hasta ahora no se ha logrado un acuerdo definitivo entre Moscú y Kiev, pese a los contactos diplomáticos impulsados desde Washington.
Para el analista y presidente del Diálogo Interamericano, Michael Shifter, el presidente estadounidense gobierna el escenario internacional con una lógica empresarial. Según explicó, Trump observa regiones como Groenlandia y América Latina desde una perspectiva de control estratégico y económico, rompiendo con los esquemas tradicionales de la diplomacia estadounidense.
Esa visión ha generado nuevos focos de tensión. El mandatario ha incrementado la presión sobre países europeos con presencia militar en Groenlandia y anunció aumentos arancelarios desde febrero, argumentando razones de seguridad nacional ante una eventual expansión de Rusia o China en la zona. También se ha especulado sobre posibles operaciones focalizadas en México e Irán.
La relación con Colombia ha sido otro punto crítico durante este primer año. Trump ha lanzado duras críticas contra el presidente Gustavo Petro, a quien ha señalado de permisividad frente al narcotráfico y ha cuestionado públicamente. Las tensiones escalaron tras el rechazo del Gobierno colombiano a deportaciones de connacionales en vuelos con personas esposadas, situación que derivó en amenazas de sanciones económicas y de seguridad.

En ese contexto, la cancelación de la mayoría de los programas de USAID en marzo de 2025 redujo de manera drástica la cooperación estadounidense y colocó a Colombia en el centro del debate político en Washington. Sobre este escenario, el exvicepresidente Francisco Santos afirmó que Petro enfrenta un momento de alta vulnerabilidad política frente a la nueva administración estadounidense.
A un año de su regreso al poder, Donald Trump ha consolidado un gobierno de decisiones rápidas, alta confrontación y fuerte impacto internacional. Sus resultados, apoyados por algunos y cuestionados por otros, confirman que su segundo mandato seguirá marcando la agenda global con un estilo propio, sin concesiones y con múltiples frentes abiertos.

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