Casi 200 millones de dólares en impacto económico. Esa es la cifra que Discover Puerto Rico, la agencia de promoción turística de la isla, atribuye a los más de 30 conciertos que Bad Bunny ofreció en el Coliseo José Miguel Agrelot de San Juan entre julio y septiembre de 2025. Un número que no pasó desapercibido para la industria. En los meses siguientes, Shakira, Marc Anthony, Carín León, Maná y Los Bukis apostaron por el mismo formato, dejando atrás la gira tradicional para instalarse en un solo lugar y convertirlo en destino.
La residencia de Bad Bunny como punto de quiebre para la industria
Según ABC17News.com, la serie “No me quiero ir de aquí” se extendió del 11 de julio al 20 de septiembre de 2025 con más de 30 funciones en San Juan. El impacto fue inmediato y medible. Las búsquedas de vuelos hacia Puerto Rico crecieron un 12% durante el período de la residencia, y la ocupación hotelera se disparó un 70% frente al mismo período del año anterior. Hoteles, restaurantes y comercios locales absorbieron una demanda que no habría existido sin el show fijo.
El efecto se amplificó por una decisión deliberada. Bad Bunny anunció que su gira mundial “Debí tirar más fotos” no tocaría suelo estadounidense, lo que convirtió a Puerto Rico en el único punto de acceso para quienes querían verle en vivo. La exclusividad no fue un accidente de logística; fue una elección que dotó a la residencia de un valor añadido difícil de replicar con una gira convencional.
El formato no es nuevo. El pianista Liberace lo inauguró el 20 de abril de 1955 con una serie de conciertos en The Clover Room del Riviera Hotel de Las Vegas. Décadas después, Elvis Presley ofreció 636 conciertos agotados en el International Hotel de la misma ciudad. Lo que cambió con Bad Bunny es que demostró que el modelo funciona para artistas latinos a escala masiva, con cifras turísticas que convenció a toda una industria.
Milena Petrovska y el viaje que empieza antes de la entrada
Milena Petrovska, especialista en marketing digital que sigue de cerca cómo los fans organizan viajes a grandes destinos de espectáculos, observa en el fenómeno algo que va más allá de la taquilla. Los datos lo respaldan. Una subida del 70% en ocupación hotelera y un aumento del 12% en búsquedas de vuelos indican que quienes compran una entrada a una residencia no compran solo dos horas de música: arman un itinerario completo que incluye alojamiento, gastronomía y otras formas de ocio propias del polo turístico donde se celebra el show.
En destinos como Las Vegas o Madrid, ese ecosistema de ocio es especialmente denso. Entre las opciones que algunos fans consideran figura el juego en línea, y en ese momento de planificación las reseñas de casas de apuestas les ayudan a identificar plataformas seguras y reguladas antes de decidir. Petrovska observa ese proceso desde fuera, como parte de un patrón más amplio en el que el show ancla el viaje y el destino ofrece el resto.
“Creo que estamos viviendo un momento muy interesante para la música latina, porque las residencias están cambiando la manera en que entendemos un concierto. Ahora estamos viendo otra posibilidad: crear un destino alrededor del artista y hacer que el público viaje hacia él.”
Así lo describe Polo Troconis, director de Programación de Mix 98.3, Amor 107.5 Miami y Uforia Rock. Lo que Petrovska registra en el comportamiento de los fans confirma exactamente esa lógica.
Macondo Park, el modelo Shakira que convirtió Madrid en ciudad temporal
El caso de Shakira lleva el concepto un paso más allá. La artista colombiana inició el 18 de septiembre de 2025 una residencia de 13 conciertos en el recinto Iberdrola Music del distrito de Villaverde, en Madrid, con presentaciones hasta el 12 de octubre. Pero el espectáculo no ocurrió solo dentro del recinto.
El concepto Macondo Park, en homenaje al pueblo ficticio de “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez, organizó el espacio en ocho pabellones dedicados a la música, la moda, la gastronomía, la literatura, el arte y el cine, la cultura infantil, el universo artístico de Shakira, y la danza y la celebración colectiva. Madrid no fue solo la sede del concierto. Fue el soporte físico de una experiencia diseñada para durar días.
Troconis lo sintetiza con precisión. “El mejor ejemplo, para mí, es Bad Bunny y lo que hizo en Puerto Rico”, afirma, pero añade que el modelo de Shakira representa otra dimensión del mismo principio: no llevar el show al público, sino construir un lugar al que el público quiera ir. Residencia y gira, en su lectura, no son estrategias opuestas sino complementarias dentro de un repertorio más amplio.
Marc Anthony en Las Vegas, Carín León en el Sphere y otros formatos del boom
El auge no responde a un solo molde. Marc Anthony presentó “Vegas… My Way”, una residencia de 12 conciertos en el hotel y casino Fontainebleau de Las Vegas, iniciada el 20 de septiembre de 2026 con fecha de cierre prevista para el 19 de septiembre de 2027. El formato es el clásico de Las Vegas: artista consolidado, recinto de lujo, público fiel dispuesto a volar hasta Nevada.
Carín León eligió un escenario diferente. En septiembre de 2025 se convirtió en el primer artista latino en presentar una residencia en el Sphere de Las Vegas, un recinto cuya arquitectura es parte inseparable del espectáculo. “Quería contar esta historia de cómo he visto la evolución y cómo llegué a la Sphere, a través de mis ojos, y cómo veo la música, y cómo veo mi estado (Sonora)”, declaró el cantante mexicano a CNN. Troconis describió la apuesta como llevar el concepto a otro nivel. “La residencia ya no significa simplemente ‘voy a cantar varias noches en el mismo lugar’. Puede convertirse en una experiencia, en un destino y en una extensión de la marca del artista.”
Maná escribió su propio récord en 2025 como la agrupación con más conciertos en estadio en la ciudad de Los Ángeles, completando cinco funciones en el KIA Forum en noviembre de ese año para alcanzar 44 presentaciones en estadios de esa ciudad. Los Bukis, por su parte, son considerados pioneros del formato para artistas que cantan en español: entre mayo y septiembre de 2024 presentaron una residencia de 15 conciertos en el hotel Park MGM de Las Vegas, abriendo un camino que otros han recorrido desde entonces.
La brecha que las residencias abren dentro de la industria latina
El fenómeno tiene un reverso que los analistas no ignoran. César Miguel Rondón, autor de “El libro de la salsa” y conductor desde Miami, señala que el modelo ha creado una distancia visible entre artistas. “Las residencias son algo extraordinario, pues, en efecto, la gira de un artista es cada vez más aparatoso. Es preferible quedarse en un sitio y montar el espectáculo allí”, afirma. Pero añade una condición. “Shakira no vendió solo dos horas de concierto, creo esta ciudad temporal en Madrid. Es un gran negocio, pero solo para súper estrellas, como Adele y Harry Styles.”
Su ejemplo es concreto. Ricardo Montaner ofrecerá un concierto tradicional el 13 de octubre en el Movistar Arena de Madrid con entradas agotadas. El éxito es real, pero el modelo es distinto. Uno lleva al artista hacia su público; el otro construye un lugar al que el público viaja. Ambos funcionan, pero no son intercambiables ni accesibles para todos por igual.
Troconis cierra el análisis con una afirmación que resume el cambio de fondo. “Para la industria latina esto es especialmente importante porque demuestra hasta dónde ha llegado el poder de convocatoria de nuestros artistas. Ya no necesariamente tienen que ir detrás de la audiencia.”
Los artistas latinos, en su lectura, han alcanzado un umbral en el que la dirección del viaje se invierte. Ya no persiguen a la audiencia ciudad por ciudad. Consiguen que la audiencia viaje hacia ellos. Ese giro, respaldado por cifras turísticas concretas y por una serie de apuestas artísticas que van desde San Juan hasta el Sphere, define una tendencia que la industria ya no trata como experimento.







