La falta de lluvias y las altas temperaturas ya están afectando a los productores del sur del Atlántico y comienzan a sentirse también en el precio de algunos alimentos que llegan a los hogares.
La advertencia la hizo Blas Calvo, productor agrícola de esta zona del departamento, quien explicó que las condiciones actuales han dificultado la siembra y reducido la producción local.
“Nosotros en la ribera del río Magdalena no hemos podido cultivar por la falta de agua”, señaló Calvo al referirse a la situación que enfrentan los campesinos.
El problema no se queda solamente en las parcelas. Al haber menos producción en el sur del Atlántico, comerciantes y consumidores dependen cada vez más de productos que llegan desde otros departamentos, lo que puede terminar aumentando los costos.
El campo está produciendo menos
Calvo explicó que los productores del Atlántico están teniendo dificultades para mantener sus cultivos debido al prolongado periodo seco.
Mientras las lluvias no llegan, agricultores de Córdoba, Sucre y Bolívar han comenzado a llevar sus productos hacia el Atlántico para cubrir parte de la demanda.
“Los que están aprovechando la oportunidad son la gente de Córdoba, Sucre y Bolívar que están trayendo sus productos”, explicó el productor.
La situación ya había sido advertida por organizaciones del sector agrícola. En junio, Blas Calvo, como representante de la Asociación de Productores Agrícolas del Sur del Atlántico, Asoproasura, había señalado que cultivos como el maíz híbrido estaban registrando fuertes pérdidas por la falta de agua.
El calor también afecta al ganado
El problema climático no se limita a los cultivos. El sector ganadero del Atlántico también atraviesa una situación complicada por la escasez de agua y alimento.
Mario Fernández Murgas, director ejecutivo de Asoganorte, informó recientemente que en el departamento se habían registrado más de 5.000 animales muertos, principalmente en municipios del sur como Suan, Santa Lucía y Manatí, además de Sabanalarga.
El gremio ha advertido que las pérdidas económicas en la región Caribe ya son importantes y que la situación podría empeorar si continúan las altas temperaturas y no se recuperan las fuentes de agua.
La preocupación llega a la canasta familiar
Cuando disminuye la producción local, los comerciantes tienen que buscar los alimentos en otras zonas. Ese movimiento puede aumentar los costos de transporte y comercialización y terminar reflejándose en el precio que paga el consumidor.
La situación preocupa especialmente en productos que dependen directamente de las condiciones del campo.
La falta de agua ya ha afectado cultivos de maíz, yuca y ñame en diferentes zonas del Caribe. Productores de Sucre también han reportado pérdidas de cultivos y retrasos en los ciclos normales de siembra por la ausencia de lluvias.
A esto se suma el impacto sobre la producción de leche y sus derivados. Asoganorte ha advertido que la reducción de la producción y las dificultades para mantener el ganado pueden presionar los precios de productos como la leche, el queso y la mantequilla.
El Atlántico se prepara para un periodo más difícil
Las condiciones actuales también han puesto la atención sobre la posible intensificación del fenómeno de El Niño.
El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales, Ideam, ya había reportado durante agosto condiciones de altas temperaturas persistentes en diferentes zonas del Caribe, entre ellas Soledad, Atlántico. El organismo señaló que durante los primeros ocho días de ese mes se registraron temperaturas máximas por encima de los valores climatológicos de referencia en varias estaciones del país.
En el Atlántico, las autoridades y los gremios han venido preparando medidas para reducir el impacto sobre los productores. Entre ellas están acciones relacionadas con el suministro de alimento para el ganado, recuperación de pastos y búsqueda de alternativas para garantizar el acceso al agua.
Los productores piden atención antes de que la situación empeore
Para los campesinos del sur del Atlántico, el problema principal sigue siendo la falta de agua. Sin lluvias suficientes, la capacidad de sembrar y mantener los cultivos disminuye, mientras aumenta la dependencia de alimentos producidos en otros departamentos.
El temor ahora es que el periodo seco se prolongue y que esa menor oferta termine presionando todavía más los precios de la canasta familiar.
La advertencia de los productores es directa: si el campo no puede sembrar, la falta de alimentos no tarda en sentirse en las plazas de mercado y, finalmente, en el bolsillo de los consumidores.
Por ahora, el sur del Atlántico enfrenta un escenario marcado por el calor, la escasez de agua y una producción agrícola cada vez más limitada. El comportamiento de las lluvias durante las próximas semanas será determinante para saber si la situación puede estabilizarse o si el impacto sobre los alimentos seguirá aumentando.







