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Del cafetal a la cancha el proyecto comunitario del Huila que unió trabajo fe y música

Una historia de esfuerzo silencioso y convicción profunda se abrió camino desde las montañas del Huila hasta los escenarios musicales del país. Allí, lejos de los reflectores, Jheisonfs, campesino y creador de contenido, decidió no resignarse ante la falta de espacios deportivos para niños y jóvenes de su comunidad y emprendió un proyecto que hoy es símbolo de unión y esperanza.

A través de sus redes sociales, Jheisonfs comenzó a documentar el proceso con transparencia y constancia. Mostró cómo un lote baldío podía convertirse en un sueño colectivo y cómo, con jornadas de trabajo en la recolección de café, iba reuniendo los recursos necesarios para construir una cancha de fútbol. Cada publicación llevaba un mensaje de fe y propósito, reflejo de una convicción que trascendía lo material y que buscaba inspirar a otros a creer en el cambio desde el esfuerzo diario.

Uno de esos contenidos marcó un punto de inflexión. Acompañado por la canción Dios Me Dijo, del artista colombiano Julián Daza, el mensaje llegó más lejos de lo esperado. El propio Daza reaccionó a la publicación y, a partir de ese gesto, se abrió un diálogo sincero en el que Jheisonfs compartió el trasfondo de su iniciativa y el impacto que soñaba generar en su territorio.

Conmovido por la autenticidad del proyecto, el cantante lo invitó a uno de sus conciertos para conocerse personalmente. Ese encuentro confirmó que no se trataba de una historia construida para las redes, sino de una labor real, sostenida por el trabajo colectivo y el deseo genuino de transformar vidas. Desde ese momento, Daza decidió acompañar el proceso de manera cercana, entendiendo que el verdadero apoyo no siempre necesita protagonismo, pero sí compromiso.

 

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El respaldo se materializó de forma simbólica y significativa con la promesa de estar presente en la inauguración de la cancha. El día señalado, la comunidad respondió con una masiva convocatoria. Familias enteras, niños y jóvenes se reunieron para celebrar la apertura de un espacio que hoy representa disciplina, oportunidades y un nuevo punto de encuentro para el desarrollo social.

Las imágenes de la inauguración hablan por sí solas. La cancha no solo es una obra física, sino el resultado de una cadena de voluntades donde el trabajo del campo, la fe y el arte se encontraron con un mismo propósito. Para la comunidad, el proyecto demostró que el cambio es posible cuando se construye desde la constancia y la solidaridad.

Esta experiencia también deja ver el lado más humano de Julián Daza, un artista que entiende su papel más allá del escenario y asume la música como un puente para visibilizar y acompañar historias que nacen lejos de los grandes focos, pero que merecen ser contadas. En el Huila, esa conexión ya dejó huella y convirtió un sueño comunitario en una realidad compartida.