En una apuesta musical que reúne tradición, técnica y sentimiento, el cantante samario Carlos Vives presentó una de las piezas más representativas de su más reciente producción discográfica, acompañado por el reconocido acordeonero Gonzalo Arturo Molina, figura clave del folclor vallenato.
El tema, que da nombre al álbum “El Último Disco”, se ha convertido en una de las composiciones más destacadas del proyecto, no solo por su carga emocional, sino por la participación de Molina, cuyo estilo ha sido fundamental para consolidar el sonido tradicional del género en Colombia.
La intervención de El Cocha Molina en esta producción no se limita a un acompañamiento instrumental. Su ejecución del acordeón aporta una narrativa propia dentro de la canción, con matices que evocan el vallenato romántico y clásico, posicionando la obra como una de las más cuidadas en términos musicales dentro del repertorio de Vives.
Molina, nacido en Valledupar en 1965, es considerado uno de los máximos exponentes del acordeón en el país. Su trayectoria incluye reconocimientos como Rey Vallenato Aficionado, Rey Vallenato Profesional y Rey de Reyes en el Festival de la Leyenda Vallenata, consolidándolo como uno de los artistas más influyentes del género.
A lo largo de su carrera, ha compartido escenarios y estudios de grabación con grandes figuras como Diomedes Díaz, Poncho Zuleta, Iván Villazón y Jorge Oñate, además de haber participado en proyectos internacionales como el álbum “Abriendo Puertas” de Gloria Estefan, galardonado con premio Grammy.
La colaboración con Carlos Vives representa un encuentro entre dos generaciones que han contribuido a la proyección del vallenato dentro y fuera del país. Mientras Vives ha llevado el género a escenarios globales con fusiones contemporáneas, Molina se mantiene como un guardián de la tradición, lo que da como resultado una propuesta equilibrada entre modernidad y raíces.
Con “El Último Disco”, ambos artistas no solo presentan una canción, sino que construyen una pieza que reafirma el valor del vallenato como patrimonio cultural, destacando el papel del acordeón como eje central de una identidad musical que sigue vigente en el tiempo.






