El presidente de la República, Gustavo Petro, arribó este martes a la Casa Blanca, en Washington, para sostener su primer encuentro presencial con el mandatario estadounidense Donald Trump, en medio de un contexto marcado por recientes tensiones diplomáticas entre ambos países. La reunión, prevista a puerta cerrada y con una delegación reducida, se da luego de que Colombia y Estados Unidos lograran desactivar la crisis bilateral que se presentó a comienzos de enero.
El jefe de Estado colombiano llegó acompañado de parte de su familia, entre ellos su hija Andrea Petro, su nuera y su nieta, un gesto que enmarcó el inicio de la agenda oficial con un mensaje de carácter personal y simbólico. Antes de ingresar al encuentro con Trump, el mandatario ofreció sus primeras declaraciones desde la sede presidencial estadounidense, en las que reflexionó sobre el impacto que la violencia y el narcotráfico han tenido en su vida y en la historia reciente del país.
Petro recordó que gran parte de su familia se encuentra dispersa en distintos lugares del mundo, una situación que atribuyó directamente a las consecuencias del conflicto armado y la persecución ligada al narcotráfico. Según señaló, el exilio ha sido una realidad que ha marcado a millones de colombianos y que también ha tocado de manera directa a su entorno más cercano.
En su pronunciamiento, el presidente enfatizó que Colombia ha sido uno de los países que más ha sufrido los efectos del narcotráfico, no solo en términos de violencia y criminalidad, sino también en el desarraigo y la fragmentación de las familias. Aseguró que esta problemática ha dejado huellas profundas que van más allá de las estadísticas y que se reflejan en historias personales de desplazamiento y persecución.
El mandatario también hizo referencia a su trayectoria política, marcada —según dijo— por una confrontación constante con el narcotráfico y el narcoterrorismo. Recordó que durante más de una década participó en debates y denuncias contra estas estructuras criminales, un camino que, afirmó, le costó persecuciones, privación de la libertad y amenazas contra su vida.
Petro fue crítico al señalar que, en distintos momentos de la historia, el poder político terminó cediendo espacio a intereses ilegales, lo que profundizó la violencia y debilitó la democracia. En ese sentido, sostuvo que uno de los objetivos centrales de su gobierno es transformar esa lógica y devolverle a la política un sentido ético y social.
Finalmente, el presidente afirmó que su administración trabaja por una Colombia distinta, donde la paz sea el eje de la vida pública y la política recupere su propósito de servir al bienestar colectivo. En sus palabras, insistió en que el país debe dejar atrás la codicia y la violencia para construir un proyecto nacional basado en la convivencia, la justicia y la dignidad.

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