Colombia comenzó el 2026 enfrentando un panorama desafiante en materia económica luego de que los indicadores mostraran una marcada reducción en el flujo de inversión extranjera directa, reflejando cambios en la dinámica de capitales y una tendencia que ha venido debilitándose desde años recientes. Las cifras más recientes evidencian que el ingreso de recursos provenientes del exterior disminuyó de manera significativa frente al mismo periodo del año anterior, lo que genera preocupación entre analistas y sectores productivos sobre el ritmo de crecimiento y confianza internacional en el país.
De acuerdo con los datos de la balanza cambiaria, durante enero ingresaron cerca de 480 millones de dólares en inversión extranjera directa, un monto considerablemente menor al registrado doce meses atrás, cuando la cifra alcanzó aproximadamente 883 millones de dólares. Esta reducción representa una caída cercana al 46 % en comparación interanual, mientras que frente al mes anterior la contracción también fue notable, confirmando un inicio de año con menor dinamismo en la llegada de capital internacional.
El comportamiento negativo se extendió especialmente a sectores tradicionales como petróleo y minería, que históricamente han sido motores clave de la inversión externa. En este rubro se reportó una disminución superior al 20 % frente al mismo periodo del año pasado, evidenciando un menor apetito por proyectos relacionados con recursos naturales y una reconfiguración del interés inversionista.
A este escenario se suma un fenómeno que empieza a llamar la atención: el incremento de la inversión colombiana hacia el exterior. Mientras el ingreso de capital extranjero se redujo, empresas nacionales destinaron más recursos fuera del país, alcanzando cifras que no se observaban desde mediados de 2024. Este comportamiento refleja que algunos actores económicos están diversificando sus estrategias y explorando oportunidades en mercados internacionales.
El balance general muestra que la inversión extranjera en Colombia ha venido descendiendo desde el pico alcanzado años atrás, cuando superó los 13.000 millones de dólares anuales. Desde entonces, los flujos han perdido más de 4.000 millones, consolidando una tendencia a la baja que ha borrado parte del impulso obtenido durante el periodo de recuperación económica posterior a la pandemia.
Expertos señalan que este comportamiento puede estar relacionado con factores globales, cambios en las condiciones del mercado y percepciones de riesgo en sectores estratégicos. Sin embargo, también destacan que el país mantiene fortalezas en áreas como remesas y transferencias externas, que registraron un leve crecimiento interanual al iniciar el año, mostrando que la economía aún conserva fuentes de ingreso relevantes desde el exterior.
El reto ahora para el Gobierno y el sector empresarial será recuperar la confianza inversionista y promover condiciones que impulsen nuevamente la llegada de capital extranjero, clave para financiar proyectos productivos, fortalecer la generación de empleo y dinamizar la economía nacional en un contexto regional cada vez más competitivo.


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