En medio de la frágil situación humanitaria que atraviesa la región del Catatumbo, la Iglesia Católica ha reiterado su llamado urgente al diálogo entre los grupos armados ilegales y el Estado colombiano, como única vía para evitar que la población civil siga atrapada en una guerra sin tregua.
El sacerdote Jorge Luis Gualteros, vocero de la Iglesia en la zona, aseguró que la comunidad vive una “tensa calma”, marcada por el miedo, las amenazas constantes y los desplazamientos forzados. “Han sido días de profundo dolor. Muchas familias tuvieron que abandonar sus hogares por miedo a quedar en medio del fuego cruzado entre el ELN y las disidencias de las FARC”, explicó en entrevista con Caracol Radio.
Retorno limitado y con temor Pese a los riesgos, en las últimas horas se ha reportado el primer retorno voluntario de varias familias campesinas a veredas rurales del municipio de Tibú, de donde huyeron semanas atrás debido a una intensa confrontación armada. La Iglesia acompaña este retorno con preocupación, pidiendo al Gobierno nacional que garantice seguridad efectiva y apoyo social para estas comunidades.
Violencia prolongada y falta de garantías El conflicto en el Catatumbo no es nuevo, pero ha tomado un nuevo giro en los últimos meses por la creciente disputa territorial entre grupos armados ilegales. La región, estratégica por su ubicación fronteriza y rutas del narcotráfico, ha sido escenario de asesinatos, reclutamiento forzado, extorsión y ataques a líderes sociales.
Las cifras del Sistema de Alertas Tempranas de la Defensoría del Pueblo reflejan que al menos 4.000 personas han sido desplazadas durante el primer trimestre de 2025 en municipios como El Tarra, Convención y Tibú.
Llamado a la reconciliación Desde la Iglesia, el padre Gualteros enfatizó que su labor humanitaria se mantendrá, acompañando a las comunidades en medio de la incertidumbre. “El Catatumbo necesita que lo miren con otros ojos, que se le apueste a la reconciliación real, al respeto por la vida. Es momento de actuar antes de que la tragedia humanitaria sea mayor”, puntualizó.
Un Catatumbo olvidado A pesar de los anuncios del Gobierno sobre la implementación de la Paz Total, la región sigue sin presencia estatal suficiente. Líderes sociales, organizaciones campesinas y colectivos juveniles denuncian que no hay garantías de protección, ni inversión sostenida en salud, educación o infraestructura.
Por eso, el llamado de la Iglesia resuena más allá de lo espiritual: se convierte en una voz de alerta frente al abandono estatal y en un recordatorio de que la paz no puede construirse solo con acuerdos sobre el papel, sino con presencia real del Estado en los territorios más golpeados por la violencia.