La mayoría de las personas asocia los ataques cardíacos con los hombres, pero lo cierto es que las enfermedades cardiovasculares se presentan con más frecuencia en las mujeres, siendo ellas las que más fallecen por esta causa.

El infarto agudo se debe a la falta de circulación sanguínea de una zona del miocardio, producida por la obstrucción de una de las arterias coronarias. La falta de riego sanguíneo causa angina de pecho y, si no se abre rápidamente la arteria, provoca la muerte (necrosis) del tejido cardíaco. Eso es el infarto.

Los signos más comunes para detectar un ataque cardíaco son dolor opresivo en el centro del pecho o estómago, que puede irradiarse al brazo izquierdo, ambos brazos, cuello, mandíbula y/o espalda; sudoración, nauseas y dificultad respiratoria. Sin embargo, existen diferencias notables entre hombres y mujeres, respecto a la percepción y descripción de los síntomas.

Las mujeres presentan signos variados que dificultan llegar a un diagnóstico de infarto en ellas. El lugar del dolor característico es en el brazo izquierdo o en el esternón, esa molestia se manifiesta en la espalda entre las dos escapulas, en la mandíbula o en las muñecas.

Otro factor característico es que en las mujeres que llegan con infarto a los hospitales presentan una fatiga o cansancio inusual. Los días previos pueden sufrir insomnio, ansiedad o debilidad. Por otro lado, el dolor torácico típico en mujeres es menos específico y en un porcentaje mayor se objetiva enfermedad coronaria no obstructiva.

Las principales causas que predisponen a un infarto son la edad, el colesterol, la diabetes, la hipertensión arterial, el tabaquismo y la obesidad. En el caso de las mujeres, el riesgo aumenta mucho si se combina el tabaco y la toma de anticonceptivos orales. El sobrepeso y la falta de actividad física son también factores de riesgo muy prevalentes en mujeres.

Las mujeres deben tener en cuenta que antes de los 55 años son menos propensas a un infarto o a problemas cardiovasculares serios, pero después de los 65 años, el sexo femenino iguala la tasa de incidencia en los hombres, y pasados los 70 años la probabilidad de sufrir un evento cardíaco aumenta por encima de ellos.

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