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Siete exdirigentes de France Telecom, incluido el antiguo consejero delegado, Didier Lombard, se sientan en el banquillo del Tribunal Correccional de París a partir de este lunes por el presunto acoso a empleados de la empresa (ahora Orange) que dio lugar a suicidios y depresiones.

Los jueces instructores de este proceso inédito -es la primera vez que se juzgará en Francia a una empresa del índice CAC-40 por hechos similares- los encausaron tras examinar el caso de 39 trabajadores, de los cuales 19 se suicidaron, 12 intentaron hacerlo y 8 sufrieron depresión.

Los hechos se remontan a finales de la pasada década, cuando France Telecom, una vez privatizada, estaba en proceso de mutación por la competencia feroz de nuevos operadores de telecomunicaciones y la transformación de la tecnología digital en un contexto de fuerte endeudamiento.

La cúpula del grupo puso en marcha dos planes de transformación en 2005 y 2006, NexT y Act, que debían conducir a la supresión de 22.000 empleos, de una plantilla de 120.000 en la que un 65 % todavía tenían estatuto de funcionarios.

Junto a Lombard, están acusados de acoso moral su «número dos», Loius-Pierre Wenès, y el entonces director de Recursos Humanos, Olivier Barberot, así como otros cuatro exdirectivos, en ese caso por complicidad.

Por esos cargos, podrían ser condenados hasta a un año de prisión y a una multa de 15.000 euros. La compañía podría ser condenada también a una multa de 75.000 euros.

A eso podría añadirse el pago de indemnizaciones a las personas que se consideran víctimas. Los abogados de la acusación particular han presentado en vísperas del inicio del juicio una lista de más de 120 nuevos damnificados.

Los magistrados instructores dijeron que no cuestionaban las decisiones «estratégicas» para transformar la empresa, pero sí la forma en que se llevó a cabo mediante «reorganizaciones múltiples y desordenadas», mutaciones forzadas de lugar de trabajo o»incitaciones» para irse, que crearon un clima de ansiedad.

La consecuencia fue «un sufrimiento cuyas manifestaciones tomaron diversas formas, la más dramática el suicidio», que salió a la luz pública por las denuncias sindicales.

Un ejemplo de las prácticas que condujeron a ese ambiente eran, según los instructores, los objetivos de reducción de efectivos que se asignaban a las direcciones locales, así como las «frases funestas» de Lombard.

Se le atribuye al expresidente -aunque él lo niega- haber dicho que tenía intención de sacarse de encima a empleados «de una forma u otra, por la ventana o por la puerta».

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