PUBLICIDAD

Miguel López es sinónimo de un acordeón ensoñador

Tremendo susto pasó por estos días la “Dinastía López”,  por qué en plena promoción del Festival de la Leyenda Vallenata de Valledupar, en la ciudades de Cartagena y Barranquilla, el rey vallenato del año 1972, Miguel López, tuvo que ser hospitalizado de urgencia por una dolencia en una de sus piernas, el cual ya se solucionó en la capital del departamento del Atlántico. López, dijo que no le iba a dañar la celebración a a sus hermanos, a su sobrino e hijo y que va a reposar estos días para estar muy bien en todos los todos actos en donde se le va a homenajear a él y sus familiares.  El rey vallenato Miguel López Gutiérrez,  fue uno de los precursores en impulsar el acordeón  y llevarla a donde ella está actualmente.

Como todo inicio a Miguel López  y su familia les tocó remar contra la corriente, porque en en la época de los años sesenta el vallenato no era buen visto por la élite no solo bogotana, también en la clase alta de muchas de las capitales de la costa atlántica. Pero a la dinastía López no les importó, y se encaminaron rumbo a conquistar el oído de los colombianos y fueron labrando un camino por el que ahora van más fácil las nuevas figuras del vallenato. López con su acordeón subió la música vallenata  al podio en el cual está actualmente  y no se cree que por ahora se le baje.  En cualquier parte del territorio nacional ya se escucha el vallenato y poco a poco se ha ido metiendo en Venezuela, Ecuador, Perú, México, Panamá y muchos países de sur y centroamérica.

Como es sabido desde muy niño como todos en su familia se encaminaron por este hermoso folclor y el tocaba la caja y cantaba, después vino el cambio de instrumentos con su hermano Pablo y se sintió más cómodo arrancándole notas al bello instrumento alemán.  Al comienzo de su carrera él cantaba pero cuando salió la voz del “Jilgüero de América”, Jorge Oñate, se resignó y siguió gracias a Dios tocando su acordeón.  Con 77 años, en  el 2015 cumple 70 años de estar tocando su acordeón y comenzó  tocando con una que tenía su papá, Pablo Rafael López Gutiérrez.  Era un acordeón guacamayo (porque tenía una guacamaya pintada).  Su primera incursión  fue en 1968 cuando grabó con Jorge Oñate su primer larga duración. Ahora espera recuperarse para volver a grabar con su “compadre” Oñate un CD de puro éxitos musicales que tuvo con “El jilgüero de América”.

Recuerda con mucho cariño a su gran amigo a Luis Enrique Martínez, “El pollo vallenato”, y a su otro compadre, Nicolás “Colacho’” Mendoza, donde afirma que gracias a Luis Enrique, aprendieron mucho secretos y melodías del acordeón. Como todos los López, es tímido, pero al momento de enfundarse su acordeón al pecho ese dizque “timidez” se pierde en el ostracismo. Sus acordes musicales hacen recordar las viejas épocas de las grandes parrandas vallenatas de los años 50 en adelante y de cómo fue naciendo este folclor que fue penetrando lentamente al oído del colombiano de todas las clases sociales y de todos los departamentos del país. No lo dice, pero Miguel López, es un gran precursor de este bello folclor, porque gracias a él y su dinastía, el vallenato ha tenido, tiene y tendrá fuerte cimientos que hace que este folclor sea tan grande como lo es Colombia.

By: Alexander Lewis Delgado.