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Las amenazas y extorsiones, la difusión de información sin consentimiento, o la censura en medios online contra las mujeres, no deben entenderse como algo separado de lo que puede ocurrir en los demás ámbitos de la vida.

“De acuerdo con un estudio con datos de entre 2012 y 2014, el 41% de los casos de violencia contra las mujeres en línea fue perpetrado por alguien conocido. Por ello es fundamental no ver a la violencia en línea como un fenómeno separado, sino como un caso más de violencia de género: muchos casos de acoso virtual se generan en un contexto de violencia doméstica”, mencionó Matías Porolli, especialista en seguridad informática de ESET Latinoamérica.

Chantaje: ocurre cuando amenaza con revelar información difamatoria o perjudicial sobre una persona si no se paga un determinado precio. En muchos casos el pago no es monetario, sino que puede incluir favores sexuales o control emocional sobre la persona afectada. Un caso especial es el de la porno venganza: cuando alguien publica
contenido como fotos o videos sin el consentimiento de la afectada, ya sea para provocar humillación o vender el contenido a terceros.

Ciberacoso: tiene que ver con el hostigamiento, humillación e injurias sufridas a través del uso de medios digitales. Comprende la suplantación de la identidad, creación de perfiles falsos online, e incluso la vigilancia a través de spyware o acceso a los perfiles de redes sociales. En muchos casos los atacantes se escudan detrás del anonimato e incitan su campaña de odio mediante el uso de hashtags y publicaciones para que sean compartidas por grupos de personas.

Discurso de Odio: cualquier expresión que trivializa, glorifica o incita a la violencia basada en el género. No debe confundirse con la libertad de expresión, que es un derecho universal, pero que tiene limitaciones en tanto entra en contacto con otros derechos. En la mayoría de los países, el discurso de odio está prohibido cuando incita a la violencia o acciones perjudiciales contra otras personas. Uno de los escenarios que más se repite tiene que ver con el discurso de odio contra periodistas mujeres; sobre todo cuando se abordan temas históricamente dominados por hombres, como deportes, juegos o política.

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