La noche del lunes 21 de noviembre de 1994 quedó marcada en la vida del cantante Enaldo Barrera Hernández, conocido como ‘Diomedito’, quien esperaba al acordeonero Juancho Rois para amenizar una parranda en El Tigre, Estado Anzoátegui, Venezuela,  pero nunca llegó.

Ahora, 22 años después, ‘Diomedito’ se sienta a llamar ese recuerdo que quedó sembrado para siempre en su memoria, no sin antes contar la manera como se hizo verdadero amigo del célebre acordeonero sanjuanero.

“A Juancho Rois lo conocí en Bogotá dos meses antes de morir porque le habían hablado de mi. El puente lo hizo Ponchito Castro, ahora manager de Jorge Celedón, quien me llamó y me dijo que Juancho quería que lo acompañara a una parranda en Cúcuta. No le creí de inmediato porque para mi era casi un imposible”.

Al día siguiente y ante la insistencia tomó en serio las llamadas y aceptó encontrarse con el acordeonero en el aeropuerto El Dorado, pero casi lo deja el avión.

Entonces hace la radiografía del primer diálogo después del saludo a Juancho Rois: ¡Eche, ‘Diomedito’!, vas a comenzar como el compadre Diomedes, siempre llegando tarde.

– Perdóneme Juancho,  mijo,  pero te prometo que esto no vuelve a pasar.

– Tranquilo pela’o, que te estoy  ‘mamando gallo’, expresó Juancho Rois.

Ya en el avión ‘Diomedito’ no salía de su asombro, al estar sentado al lado del gran Juan Humberto Rois Zuñiga, una de las más iluminadas estrellas de la música vallenata que ha dado San Juan del Cesar, La Guajira.

En la parranda ‘Diomedito’ estuvo dichoso de moldear su voz con el acordeón de Juancho y al final fue retribuido con un buen pago.

“Lo del pago fue lo de menos porque mi dicha era grande tocar al lado de Juancho Rois, quien me prometió que me iba a poner a grabar al lado de su paisano Emerson Plata, quien seguía su estilo”.

Juancho se interesó tanto en ese proyecto musical que habló con los dueños de la parranda para que lo patrocinaran, y dijo que sería el director y el encargado de escoger las canciones.

A los pocos días de llegar a Bogotá Juancho y Diomedito visitaron los estudios de Alfonso Abril, llegando a un arreglo y se acordó la grabación para enero de 1995.

“Al salir del estudio era el hombre más feliz del mundo. Se iba a cumplir mi sueño de grabar y más que Juancho me dijo que me iba a dar una canción de su autoría y le iba a meter el acordeón”.

Encuentro con Diomedes Díaz

La amistad con Juancho cada día iba viento en popa y lo invitó a uno de sus conciertos con Diomedes Díaz. El encuentro con ‘El Cacique de La Junta’ fue en Zipaquirá. Allá hablaron de todo un poco y estuvo invitado a tarima donde juntos cantaron; ‘Mi primera cana’.

“Le agradecí a Juancho ese gesto bien bonito, y lo que hizo fue decirme que tenía una nueva parranda en San Andrés Islas para que me alistara”.

Enaldo Barrera ante tantas atenciones de Juancho Rois lo invitó a almorzar un guiso de gallina criolla en su casa ubicada en Floresta Sur.

“Ese día supe más de la calidad humana de ‘El Dios del Acordeón Vallenato’ como lo bauticé, Llegó a mi humilde vivienda, y compartió más de dos horas con mi familia”.

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La parranda

Ese idilio de amistad musical seguía su camino y Juancho Rois volvió a invitar a ‘Diomedito’ a una nueva parranda, esta vez en Venezuela que coincidía con presentaciones de Diomedes Díaz.

Hasta ‘El Tigre’ llegó el cantante, y comenzó la espera en el lugar donde se haría la parranda. Pasaban las horas y Juancho y sus acompañantes Rangel ‘El Maño’ Torres, Tito Castilla, Jesualdo ‘El Zurdo’ Ustáriz y Eudes Granados no llegaban.

“De un momento a otro avisaron que la avioneta donde venían había sufrido un accidente. En medio de la oscuridad de la noche el ala izquierda de la aeronave impactó con una antena y se vino a pique”.

‘Diomedito’ al llegar al hospital donde habían sido llevados no se imaginaba la gravedad del hecho.

“Llegué y al primero que ví fue a ‘El Zurdo’ Ustariz y le pregunté por los demás. Vi a Tito Castilla inconsciente y luego despertó. De repente un médico me pregunta que si era familiar de los señores que se accidentaron. Le dije que hacía parte del grupo, pero que no estaba con ellos”.

En este momento Diomedito agacha su cabeza al recordar las siguientes palabras del médico: “Bueno, pues venga para que reconozca a las personas que fallecieron en el accidente”.

Medita y sigue. “Recuerdo que pensé: ¡Dios mío!, que no sea Juancho, que no sea Juancho, Señor Bendito”

El mundo se le vino encima cuando al primero que le muestra el médico forense  es a su amigo y mentor del alma, Juan Humberto Rois Zúñiga.

“No hay palabras para expresar lo que sentí. No podía creer muerto a mi amigo querido. Al hombre feliz que tenía 35 días de casado y cuya señora estaba embarazada, al acordeonero que más confió en mi talento”.

Cuenta que quedó mudo, bloqueado y en un shock total por la muerte de Juancho y sus acompañantes. Sentía que era una pesadilla, pero le tocó reponerse porque los dueños de la parranda le pidieron los acompañara para que compraran cuatro féretros e igual número de vestidos enteros para Juancho Rois, Rangel ‘El Maño’ Torres, Eudes Granados y el piloto Pedro José Monsalve.

“Esa misión ha sido la más difícil y dolorosa de mi vida. Primero se escogieron los féretros y busqué la ropa para Juancho. Recordar es vivir ese nefasto momento que me marcó de por vida. Con profundo dolor en el alma quisiera retroceder la máquina del tiempo para cambiar el rumbo de esta historia triste para el folclor vallenato”.

Desde ese instante Enaldo Barrera ‘Diomedito’ vive recordando a Juancho Rois, su noble y buen amigo, en cada presentación que hace y más ahora que lo acompaña en el acordeón su hijo Enaldo Barrera Jr. quien es un fiel seguidor de sus notas.

Enaldo no deja de recordar a Juancho Rois e indica que está escribiendo un libro titulado ‘El Personaje’, donde dos capítulos son dedicados al excelso acordeonero, y se despide cantando:

De lejos muy lejo’ un acordeón

de notas muy lindas yo escuchaba

y por esa nota acentuada

yo dije enseguida es Juancho Rois.

Y me despedí de donde estaba

y me fui al compás del acordeón

y cuando iba llegando a la parranda

precisamente era Juancho Rois.

Por: Juan Rincón Vanegas

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