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¿Cómo se mide la dilatación en el trabajo de parto?

La dilatación del cuello uterino es una señal que ayuda a precisar el grado de evolución del trabajo de parto. Medir el grado de apertura cervical es posible mediante un procedimiento llamado tacto vaginal.

La dilatación es la expansión que se produce en el útero para permitir el parto. Esto avanza de manera paulatina, en un proceso que dura varias horas e, incluso, varios días en algunos casos.

El proceso de la dilatación va acompañado por las contracciones. Constituye la primera etapa en el trabajo de parto. Durante la misma, se produce una serie de modificaciones que permitirán el paso de la cabeza del feto por el canal del parto.

Es necesario medir la dilatación para saber cuánto ha avanzado el trabajo de parto. Esto se determina mediante el grado de apertura del orificio cervical. Este alcanza los 10 centímetros al momento de dar a luz.

¿Cuál es la dilatación adecuada para el parto?

El proceso de dilatación uterina comienza cuando el cuello uterino comienza a expandirse y termina poco antes de dar a luz. Entre esos dos puntos tienen lugar diferentes fases que aportan información acerca de la evolución del trabajo de parto.

Se mide la dilatación para saber si el parto progresa de manera normal. Se debe recordar que durante el embarazo el cuello uterino debe permanecer cerrado. Cuando el parto se acerca, comienza a abrirse.

El proceso va precedido o se da de manera simultánea con la expulsión del tapón mucoso y la ruptura de fuente. Enseguida hablaremos sobre la forma cómo avanza ese proceso; es decir, sobre las fases implicadas en la dilatación.

Fase 1

La fase 1 del trabajo de parto tiene una duración variable. Lo usual es que tarde más en las madres primerizas que en aquellas que ya han tenido hijos. Sin embargo. esto no es una regla fija. A esta fase también se le conoce como «latencia» o «latente».

En esta primera fase, el cuello del útero se ablanda y se acorta: es una especie de preparación inicial para el parto. La característica principal es que todavía no hay contracciones regulares ni fuertes: no hay dolor o el dolor es muy leve. Concluye cuando la dilatación del cuello uterino alcanza los 3 centímetros.

Fase 2

La fase 2 corresponde al trabajo activo de parto. Poco a poco, las contracciones comienzan a volverse más fuertes, largas y próximas entre sí. El cuello del útero se abre a una tasa más regular y en forma más proporcional cada hora.

Lo normal es que durante esta etapa la dilatación avance de los 4 a los 7 centímetros. Como en el caso anterior, la duración es variable. Al final de esta etapa, a la que también se conoce como «fase activa», la madre está muy próxima a dar a luz.

Fase 3

La fase 3, o «de aceleración rápida», es la última etapa en el proceso de la dilatación. Tiene lugar cuando el feto ha descendido a través de la pelvis materna y encaja la cabeza en el cuello uterino.

En estas condiciones, la dilatación aumenta de velocidad para permitir el paso de la cabeza del bebé. El cuello uterino alcanza los 10 centímetros de apertura, con lo cual se hace posible el nacimiento.

¿Cómo se suele medir?

La dilatación debe medirse para hacerle un seguimiento a la evolución del trabajo de parto. Aunque existen dispositivos que permiten medir el grado de apertura del cuello uterino, lo más usual es que la medición se haga mediante tacto vaginal.

Este es un procedimiento en el que la mujer debe estar tendida sobre la espalda, con las piernas abiertas. El médico o la matrona introduce los dedos índice y medio en la vagina hasta alcanzar el cuello del útero. Una vez allí, abren los dedos como si fuesen un compás para «medir» el grado de la dilatación.

Aunque la medida resultante no es exacta en términos numéricos, la experiencia permite hacer un cálculo muy aproximado. Este procedimiento no es doloroso, pero sí puede ser molesto. En todos los casos, se debe hacer con consentimiento de la madre, quien debe ser informada en detalle.

Lo usual es que durante el trabajo de parto se hagan dos tactos vaginales para medir el avance de la dilatación. El primero se hace al ingresar al hospital y el segundo cuando se estime que está próxima la dilatación completa.

Posibles riesgos del tacto vaginal

El tacto vaginal es una práctica riesgosa cuando hay placenta previa. Esta es una condición en la cual la placenta del bebé obstruye de manera total o parcial el cuello del útero. Si no se revierte antes del parto, exigirá cesárea.

El tacto vaginal es peligroso en estos casos, ya que se corre el riesgo de causar una hemorragia. Si esto ocurre, se pone en riesgo tanto la vida de la madre como la del bebé. Por eso, está contraindicado en caso de placenta previa.

¿La dilatación es siempre señal de parto cercano?

Si la dilatación del cuello uterino no se produce o no avanza, en algunos casos se debe recurrir a maniobras adicionales para facilitarla. A veces solo es necesario hacer una rotura artificial de las membranas fetales o romper la fuente. Otras veces el parto debe ser inducido con fármacos.

Muchas mujeres presentan dilatación hacia el final del embarazo, pero esto no siempre significa que el parto se producirá pronto. A veces esa dilatación inicial no avanza durante días o semanas inclusive. Es conveniente que la madre hable con el médico si tiene alguna duda al respecto.

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